Los pobres a las orillas…

Los pobres a las orillas…

  • Autor de la entrada:
  • Categoría de la entrada:LIDERES
  • Comentarios de la entrada:Sin comentarios

Abril Berenice Martínez Villa.

ESTATUA. La Adelita, Chihuahua.

En medio de una crisis social que parece, hoy día, perturbarnos a todos y en la que se comienza a poner en la agenda el tema de la salud mental, cabe escarbar un poco más en las causas de la descomposición del tan aclamado tejido social.

Sin dejar de lado la importancia de la salud mental en chicos y grandes, habrá que plantear la pregunta ¿por qué?

En este sistema capitalista que busca cada vez más la individualidad, el egoísmo, repartir responsabilidades en las personas y no en lo estructural o sistemático -acto que lleva a culpabilizar muchas veces a las familias, principalmente las madres-, resulta urgente voltear a ver a los gobiernos, las empresas y las industrias que no sólo son parte importante de la sociedad, sino que la rigen.

En Chihuahua, recién pasamos del tema del alumbrado, a las turbo glorietas, a la operación mochila o mochila segura, pero han pasado años sin que se atiendan los temas de las viviendas vendidas a las orillas de la ciudad, como lo son las de Oriente, Vistas del norte, Riberas de Sacramento, mismas que han presentado altos índices de violencia de todo tipo, y en las que la mayoría de las personas viven en condiciones de hacinamiento, con problemas de transporte, alumbrado, agua, trabajos mal pagados, madres de familia que se han organizado para que se instalen las escuelas que los fraccionamientos les prometieron y que los ayuntamientos autorizaron, pero que nunca se construyeron porque “no hay los espacios” o “no tienen las condiciones”; casas de dos por dos en donde viven a veces más de 4, porque es para lo que alcanza con un crédito infonavit.

Así, pues, buscamos tener personas mentalmente sanas, mientras se les precariza y se les manda a las orillas en viviendas circulares (sin divisiones), sin espacio, sin condiciones habitacionales que permitan el adecuado desarrollo de sus habitantes, lo que nos trae como consecuencia, según investigadores como la Dra. Gabriela Ponce, del Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública, (CESOP), consecuencias tales como violencia intrafamiliar, el mayor rezago en la familia y la reproducción de la pobreza.

Pero bien, mientras del otro lado del periférico se siguen construyendo vialidades, grandes fraccionamientos con parques que nadie utiliza, fraccionamientos cerrados para que políticos y acaudalados no tengan ningún impedimento al desarrollar sus actividades, los pobres van a alas orillas, donde no se vean, donde no se escuchen, donde estén tan lejos que después de una ardua jornada laboral no tengan tiempo ni ánimo de organizarse para exigir lo que por derecho deberían tener, allá donde podamos culparlos de su condición de pobreza, de desigualdad, de violencia, porque ¿Dónde está la atención de los padres y madres hacia los hijos? ¿Dónde están las horas de esparcimiento y atención que hay que darles? ¿Dónde la supervisión y apoyo escolar?

Posiblemente en las 12 horas que se encuentran fuera de casa por cuestiones de explotación laboral, o en el salario mínimo combinado con los pocos espacios de esparcimiento que les quedan cerca de casa, más con pésimo transporte, quizá en el tiempo extra que hay que hacer para llevar más dinero al hogar.

Sí, necesitamos ocuparnos de la salud mental de las personas, grandes y chicos, pero también debemos dejar de individualizar el problema o al menos no acotarlo en soluciones particulares, sino en la atención que el estado debe brindar, en las pautas mínimas que debe imponer a las empresas para el cuidado de las y los trabajadores, en el cumplimiento de las condiciones en que se ofrecen viviendas a quienes no tienen el privilegio de vivir de aquel lado de la cantera, pero que casualmente escuchan cuando recuerdan que sí tienen la capacidad de votar.

Deja una respuesta