Este 4 de noviembre quedará marcado en los anales de la LXVIII Legislatura de Chihuahua no solo como la fecha de una toma de protesta, sino como el día en que el Partido Acción Nacional (PAN) dio un golpe de timón estratégico, asumiendo formalmente la batuta como la primera fuerza política del Congreso local.
La llegada de Jaime Torres Amaya como diputado propietario, en sustitución del lamentablemente fallecido priista Luis Chacón Erives, es la perfecta ilustración de cómo la ley, la política y, paradójicamente, los acuerdos de coalición de 2024, reescriben el tablero.
El efecto dominó de un acuerdo
Torres Amaya, exalcalde panista de Madera, rindió protesta por el Distrito XIII, pasando de un empate técnico de 12 curules con Morena, a una mayoría simple de 13 diputados. Este movimiento, que reduce la bancada del PRI de cuatro a tres integrantes, rompe el delicado equilibrio que había imperado, dejando a Morena como la segunda fuerza.
Lo fascinante es el origen de este cambio: un acuerdo de coalición donde el candidato era del PRI y el suplente del PAN. Un pacto diseñado para garantizar triunfos en las urnas termina, meses después, redefiniendo la correlación de fuerzas. La vida política, como el ajedrez, premia la estrategia a largo plazo, incluso la involuntaria.
El panorama fragmentado
En conclusión, la asunción de Jaime Torres no es un simple cambio de nombres; es un despertar político para el Congreso de Chihuahua. El PAN ha ganado la ventaja numérica. Ahora, el verdadero juego comienza: ver si utiliza esa ventaja para transformar la gobernanza del poder legislativo o si prefiere mantener la estabilidad de los pactos previos. La respuesta definirá el rumbo.




