Chihuahua, Chih.- Distintos grupos de matachines avanzan al ritmo del tambor frente al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, donde las familias se detienen a mirar, grabar y acompañar con aplausos. Entre ellos está la Danza Guadalupana Colonia Industrial, fundada en 1956, cuyos integrantes bailan sin descanso como muestra de agradecimiento.
María Isabel Alanís, miembro del grupo, explica que esta tradición no solo es devoción, sino herencia familiar. “Nuestra danza es guadalupana. Es una tradición muy familiar. La mayoría aquí somos familia. Mis padres nos inculcaron a nosotros, nosotros a nuestros hijos y nuestros danzantes también vienen de familias. Esta festividad es la más importante del año. Danzamos todo el día en agradecimiento y con mucha fe”, comentó, además de indicar que permanecerán en el templo hasta las 19:00 horas.

Al momento de la danza, el sonido de sonajas, tambor y flautas marca el paso firme de los danzantes, una imagen que forma parte del festejo cada 12 de diciembre. Aunque hoy se reconoce como una expresión religiosa dedicada sobre todo a la Virgen de Guadalupe, la danza de matachines tiene raíces mucho más antiguas. En sus inicios representaba batallas simbólicas entre el bien y el mal, fusionando elementos indígenas con la evangelización. Con el tiempo, su misión cambió hacia la veneración y la alabanza, manteniendo un fuerte vínculo comunitario.
Entre los personajes más representativos está el Viejo de la Danza, figura que antes guiaba los pasos y corregía a los grupos en plena ejecución. Antes portaba barba, máscara de cuero y sombrero; hoy su atuendo ha cambiado con la cultura popular, pero su presencia continúa siendo parte del ritual.
En Chihuahua, cada grupo conserva su propio estilo, pero todos coinciden en la intención, honrar a la Virgen con fe, resistencia y gratitud. “Que vengan, que lo disfruten y que no dejemos perder estas tradiciones. Las necesitamos mucho”, dice María Isabel mientras el grupo se prepara para la siguiente entrada.



