Tradicionalmente considerado uno de los bastiones más sólidos e históricos del panismo, el estado de Chihuahua parece estar experimentando un sismo político de magnitudes considerables. Los datos de la más reciente encuesta de El Financiero no solo encienden las alarmas en el Palacio de Gobierno de la capital chihuahuense, sino que dibujan un panorama que hace apenas unos años habría parecido impensable: Morena arranca con el viento a favor rumbo a la renovación de la gubernatura en 2027.
La fotografía actual es fría y contundente. El partido guinda aventaja las preferencias electorales con un 45% de apoyo, dejando muy atrás, con un lejano 25%, al Partido Acción Nacional (PAN). Una brecha de 20 puntos que no puede explicarse simplemente por el desgaste natural del ejercicio del poder; aquí hay factores de fondo que están calando hondo en el electorado norteño.
El epicentro de este desgaste tiene nombre y apellido: María Eugenia Campos. La gobernadora se encuentra atrapada en una tormenta perfecta donde se mezclan la percepción de inseguridad y un escándalo de soberanía nacional de alcance internacional. La revelación sobre la presencia de agentes de la CIA en territorio estatal ha tocado una fibra sensible en una entidad fronteriza. Los números de Maru Campos reflejan el golpe: una desaprobación del 57% frente a un raquítico 42% de aprobación.
El dato más alarmante para el oficialismo local es el respaldo social al juicio político: un 58% de los chihuahuenses aprueba que se procese a la mandataria bajo el argumento de “violar la Constitución y vulnerar la soberanía”.
El sentimiento nacionalista o, al menos, el recelo hacia la intervención extranjera directa se hace evidente. Un 59% de los entrevistados rechaza tajantemente la presencia de agentes estadounidenses en el estado. Y aunque la colaboración con el vecino del norte siempre ha sido una realidad económica y social en la frontera, hoy el tema divide radicalmente a la población: 47% a favor y 50% en contra. Todo esto ocurre mientras el estado sangra por la herida de siempre: la mitad de la población (50%) señala a la inseguridad y el crimen organizado como el principal cáncer de la entidad, muy por encima de la corrupción (20%) y la economía (12%).
Al aterrizar las marcas en los nombres de quienes aspiran a sucederla, la contienda interna y externa empieza a clarificar sus rostros.
En la acera de enfrente, el panorama no es más halagüeño para el panismo. Aunque el alcalde capitalino Marco Antonio Bonilla lidera con comodidad las preferencias internas de su partido con un 36% —superando a Daniela Álvarez (25%) y a Jesús Alberto Valenciano (5%)—, su proyección estatal arranca muy golpeada, cargando con el lastre del gobierno estatal. Bonilla registra más opiniones negativas (42%) que positivas (35%).
Por el lado de Morena, la senadora Andrea Chávez consolida su posición como la carta fuerte del plano federal en su tierra natal. Chávez encabeza las simpatías internas con un contundente 43%, dejando muy atrás al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar (15%), y al sempiterno Juan Carlos Loera (8%). Además, es la única de los punteros que mantiene un saldo de opinión positivo: 39% de aprobación frente a 34% de rechazo.
El escenario de careo directo entre ambos finalistas confirma la tendencia, aunque con un matiz importante que el panismo intentará explotar como su última tabla de salvación:
| Candidato(a) | Partido / Alianza | Preferencia Electoral |
| Andrea Chávez | Morena | 40% |
| Marco Antonio Bonilla | PAN | 29% |
Si bien Andrea Chávez mantiene una cómoda ventaja de 11 puntos en el tú a tú, esta distancia es notablemente más estrecha que los 20 puntos de ventaja que la marca Morena le saca al PAN de manera abstracta. Esto demuestra dos cosas: que la figura de Marco Bonilla logra amortiguar un poco la caída de su partido, y que en Chihuahua el factor regional y el peso de los candidatos individuales seguirán jugando un rol crucial.
Falta un año para el 2027, una eternidad en la política mexicana. Sin embargo, el mensaje de los chihuahuenses en este junio de 2026 es inequívoco: el coloso del norte ya no es el terreno infalible de la ola azul. Si el PAN no logra resolver la crisis de seguridad y limpiar la narrativa de la soberanía vulnerada, las llaves del estado cambiarán de manos muy pronto.




