Hay funcionarios que parecen vivir en una burbuja con aire acondicionado y agua corriente las 24 horas. El caso más reciente de esta desconexión lo protagoniza Alan Falomir, el titular de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) de Chihuahua, a quien últimamente se le ve más “encampañado” que preocupado por el verdadero flujo de las tuberías.
Al buen “Cabrito” le bastó abrir la boca para que la cruda realidad de la ciudadanía le cayera encima como un balde de agua fría… bueno, si es que tuvieran agua para llenarlo.
Resulta que, con una ligereza que raya en la provocación, Falomir salió muy orondo a declarar que, a pesar de los inclementes 41 grados centígrados que azotan a la capital, la ciudad mantiene un “suministro estable” y que no se enfrentan problemas generales de desabasto. Según su óptica, el único detalle es que los tanques se vacían más rápido por el calor, pero que la distribución va “sin contratiempos importantes”.
La respuesta ciudadana no se hizo esperar. El torrente de reclamos inundó las redes y los teléfonos de la JMAS apenas terminó de hablar. “Nosotros vivimos en la UP (Unidad Proletaria) y no tenemos agua, ¿cómo este señor dice que sí hay abasto?”, tronaron vecinos que aseguran sumar más de un mes sin el vital líquido y, para colmo de males, reportan que ni las pipas oficiales se asoman por sus calles.
Es una ironía digna de Ripley. Mientras el director de la JMAS se sube al banquillo de los logros para candidatearse implícitamente, los ciudadanos tienen que hacer malabares para bañarse a jicarazos.
Lo más cínico del discurso oficial es la ya desgastada estrategia de trasladarle la culpa al ciudadano. Falomir aprovechó el micrófono para pedir “reforzar medidas de ahorro”, revisar fugas domésticas, respetar los horarios de riego y, la joya de la corona: pedir que no llenen albercas con agua de la red y contraten pipas particulares. ¿De verdad, director? Exigirle eficiencia comercial al ciudadano que no recibe una sola gota de agua en su toma es, por decir lo menos, una falta de respeto. Pedirle a la gente de las colonias del sur o de la periferia que “contrate pipas particulares” para sus necesidades básicas mientras pagan un recibo puntual por un servicio inexistente, es una burla que huele a incapacidad administrativa.
Si el “Cabrito” Falomir quiere seguir construyendo su camino político, haría bien en entender que la mejor campaña es una gestión eficiente. La política de simulación y el maquillaje de datos ya no funcionan en una época donde un vecino de la UP puede desmentir al funcionario con solo abrir su llave seca y grabarlo con su celular.
Menos discursos de complacencia, menos proselitismo disfrazado y más atención a las colonias que hoy padecen la sed de la negligencia. Al agua, como a la verdad, no se le puede racionar con comunicados de prensa.




