La soberbia institucional suele ser el primer síntoma de una gestión en decadencia. En el Instituto de Formación y Actualización Judicial (INFORAJ), las alarmas no solo están encendidas, sino que ya emiten un estruendo imposible de ignorar. Al centro de la tormenta se encuentra su director, César Ramírez, un personaje sobre quien hoy pesan graves denuncias que van desde el maltrato laboral hasta una marcada actitud despótica que, a decir de las propias afectadas, raya en la misoginia más rancia.
Durante las últimas semanas, los pasillos del Instituto han sido testigos de movimientos internos que desafían cualquier lógica de meritocracia y perspectiva de género. De manera inesperada, se ha documentado la remoción de mujeres de sus cargos para ser sustituidas por hombres.
Pero el escándalo no termina en el desplazamiento: la indignación legítima del personal estalló al descubrirse que estos cambios vinieron acompañados de jugosos aumentos salariales para los nuevos rostros masculinos. En tiempos donde el discurso oficial presume la paridad y el respeto a la mujer, en el INFORAJ la realidad camina en sentido contrario.
El dato: De forma anónima, trabajadores acusan que las exigencias de Ramírez rebasan los límites de las responsabilidades laborales, operando más como un “mandón con cargo” que como un servidor público profesional.
Las irregularidades administrativas también han alcanzado el ámbito académico. Existe una creciente inconformidad por el manejo discrecional de las asistencias en las maestrías que se imparten en el edificio. Las denuncias apuntan a que el director ha “metido mano” para quitar y poner asistencias a su antojo, guiado únicamente por el criterio del amiguismo y las lealtades personales, dinamitando la seriedad de los posgrados.
Y como cereza del pastel —porque en la burocracia el descaro suele ser infinito—, recientemente se ordenó el desalojo exprés de una oficina para dar cabida a una mujer a quien se vincula directamente con el Palacio de Gobierno. Lo verdaderamente grave es que, a la fecha, son contadas las personas que la han visto trabajar de manera presencial. El rumor en el pasillo es unánime: el fantasma de una presunta “aviadora” ronda las instalaciones.
César Ramírez parece olvidar que los cargos son temporales y que el poder mal ejercido siempre deja huella. Entre el maltrato al personal femenino, la manipulación de registros académicos y el presunto cobijo a cuotas políticas que no trabajan, el INFORAJ se está convirtiendo en un foco rojo que las instancias superiores deberían revisar con lupa. ¿Habrá consecuencias, o la sombra del Palacio seguirá cubriendo estos atropellos? Al tiempo.




