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#LaNeta La curiosa salida ¿Traición morenista?

En la política, las casualidades suelen ser más bien causalidades disfrazadas de descuido. Lo ocurrido recientemente en el Congreso del Estado no es solo una anécdota de pasillo, sino un episodio que deja un sabor amargo entre la militancia de la Cuarta Transformación y una sonrisa de oreja a oreja en el bloque oficialista.

El tema en la mesa no era menor: la aprobación de un crédito de 3 mil millones de pesos solicitado por el Gobierno Estatal. Una cifra que hipoteca el futuro de la entidad y que, bajo el discurso de Morena, debería haber encontrado un muro de contención absoluto. Sin embargo, en el momento de la verdad, el muro mostró dos grietas profundas.

La fugaz salida de las diputadas

Curiosamente, justo cuando el tablero electrónico se preparaba para registrar los votos que definirían el rumbo financiero del estado, las diputadas morenistas Edith Palma Ontiveros y Rosana Díaz Reyes abandonaron el recinto. “Despichadamente” —como se dice en el argot popular para describir a quien se escabulle sin hacer ruido—, las legisladoras dejaron sus curules vacías.

¿Qué urgencia pudo ser mayor que evitar un endeudamiento millonario? No hubo explicaciones claras, solo el eco de sus pasos al salir, mientras el bloque PRIANISTA se frotaba las manos.

Una aritmética de conveniencia

La política es un juego de números, y en esta ocasión, la resta de Palma y Díaz terminó siendo una suma para el Gobierno Estatal. Su ausencia fue la pieza clave del rompecabezas:

Al reducirse el número de votos opositores presentes, el camino se allanó para que la mayoría lograra la aprobación sin contratiempos. El estado suma 3 mil millones de pesos más a su cuenta deudora, un monto que será pagado por las próximas generaciones.

¿Error o estrategia?

Es difícil creer en el despiste cuando se trata de figuras con trayectoria. En el juego de ajedrez legislativo, ausentarse es, muchas veces, votar a favor sin tener que presionar el botón. Es una forma de “cumplir” con el aliado externo sin quedar registrado formalmente en el acta de traición a la línea partidista.

Hoy, la ciudadanía y las bases de su partido se preguntan: ¿A cambio de qué se abandonó el recinto? ¿Fue una instrucción superior o una decisión personal? Mientras las respuestas llegan (si es que llegan), el crédito ya es un hecho y la deuda ya es de todos.

La política es de tiempos y formas, y ayer, las formas de Edith Palma y Rosana Díaz dejaron mucho que desear, pero sobre todo, mucho que pagar.

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