Dicen los que saben que en política las casualidades no existen, y menos cuando el olor a ponche y los aguinaldos andan sueltos. Este jueves, el Salón Rojo de Palacio no solo sirvió para chocar las copas; fue el escenario de una postal decembrina que dejó a más de uno con el ojo cuadrado y la libreta de apuntes llena.

La jefa de la casa, Maru Campos, citó a los 67 alcaldes del estado para el consabido mensaje de “unidad institucional”. Pero ya saben cómo es esto: el diablo está en los detalles… y en los elevadores.
El “trío dinámico” del ascensor
Lo que puso a sudar a los analistas de café no fue el discurso, sino el arribo coordinado. Imaginen la escena: se abren las puertas del elevador y, como si fuera una coreografía ensayada, emergen juntos Marco Bonilla (el orgullo de la capital) y Cruz Pérez Cuéllar (el mandamás de Juárez), escoltados por Teresa Erives.
Para rematar el cuadro, en el primer piso ya los esperaba, muy puntual, el deliciense Jesús Valenciano. Una imagen breve, sí, pero con el peso suficiente para alimentar la hoguera de las vanidades políticas. ¿De qué habrán hablado en esos segundos de ascenso? ¿De bacheo, de presupuestos… o de cómo se ve el panorama para el 2027?
Cohesión, tejuino y mucha grilla
Bajo el cobijo del Palacio y con la mirada atenta de la Gobernadora, el ambiente se sentía más a “cierre de filas” que a posada de barrio. Y para que no quedara duda de que la cosa iba en serio, ahí andaba también el fiscal César Jáuregui, vigilando que la cohesión no fuera solo de dientes para afuera.
En fin, entre sonrisas medidas, abrazos de “compañeros de batalla” y uno que otro brindis con sabor a destape, Palacio se convirtió en el epicentro de la grilla navideña. Porque en Chihuahua, señoras y señores, la política no descansa ni por las vacaciones; si acaso, solo se sirve en copa de cristal.
¿Será que la Navidad nos trajo una tregua adelantada o solo fue el calentamiento para lo que viene?



