Esta postura rusa surge como respuesta directa a la campaña militar iniciada el 28 de febrero, la cual saboteó las negociaciones nucleares que se llevaban a cabo en Ginebra.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia, María Zajárova, reafirmó este jueves 12 de marzo el apoyo de su país al derecho de Irán a la legítima defensa, amparado en el artículo 51 de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Este precepto legal faculta a cualquier Estado miembro de la ONU para repeler un ataque armado por su cuenta o con el apoyo de aliados, manteniendo su vigencia hasta que el Consejo de Seguridad intervenga para restablecer la paz.
En una declaración contundente, la diplomática rusa instó a Estados Unidos e Israel a cesar de inmediato su ofensiva y retomar la vía del diálogo, calificando de “inaceptables” los ataques dirigidos contra infraestructuras civiles tanto en territorio persa como en los países árabes vecinos.
Según el Kremlin, la estrategia de Washington y Tel Aviv trasciende el control armamentístico, buscando debilitar militarmente a Irán y forzar un cambio de régimen mediante la desestabilización interna. El balance humano de la incursión es devastador en ese sentido, el representante iraní ante la ONU, Amir Saeid Iravani, informó que la cifra de fallecidos asciende a casi mil 350, mientras que los heridos superan los 17 mil.
Ante este escenario, Teherán intensificó sus maniobras de represalia contra activos israelíes e instalaciones estratégicas de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. Rusia intenta frenar el ciclo de violencia en Oriente Medio a través de la presión diplomática internacional.
Para Moscú, es «injusto e imposible» juzgar las acciones de Teherán sin considerar el ataque «preventivo» de la coalición que resultó en el asesinato del líder supremo Alí Jameneí calificado por el presidente Vladímir Putin como una violación cínica del derecho internacional.
El embajador ruso también señaló la responsabilidad de Washington en la vulnerabilidad de los países árabes vecinos. Explicó que Washington utilizó sus bases en la región, como la Quinta Flota en Baréin y la base Príncipe Sultán en Arabia Saudita, para lanzar ataques terrestres, aéreos y marítimos contra Irán, ignorando las peticiones de las naciones locales de no involucrar sus territorios.
Rusia, se abstuvo en la votación, subrayó que aunque los ataques a infraestructuras civiles son inaceptables, estos encuentran su “justificación” en el uso de las instalaciones regionales como plataformas de agresión estadounidense, dejando a Oriente Medio en un punto de no retorno.




