En la política, como en la física, el vacío no existe; siempre termina por llenarse. Lo que resulta fascinante es observar de qué materiales se compone ese relleno. Ayer, en las oficinas del Comité Directivo Estatal del PRI, Alejandro Domínguez y Janeth Montes abrieron las puertas de par en par —esas que dicen ser “siempre abiertas”— para recibir a una colección de náufragos de otras siglas que hoy buscan refugio en el tricolor.
Bajo el romántico velo de “sumar esfuerzos por un proyecto común”, el PRI en Chihuahua anuncia con bombo y platillo la adhesión de perfiles que hasta hace poco juraban bandera por Movimiento Ciudadano, el PVEM y el PRD. La pregunta obligada no es cuántos llegan, sino qué es lo que realmente vienen a aportar más allá de una fotografía de grupo.
¿Renovación o Reciclaje?
La lista de los nuevos “convencidos” es variopinta. Tenemos desde el Dr. César Neave, cuya trayectoria en el IMSS es innegable pero su olfato político lo ha llevado a saltar justo a tiempo, hasta figuras como Diego López Martínez y Jailene Chávez, quienes apenas ayer buscaban el voto bajo colores naranjas o verdes.
Resulta curioso que el discurso de Álex Domínguez se centre en la “experiencia y el compromiso” de estos liderazgos. ¿Será que el PRI ha agotado sus propios cuadros que ahora debe importar candidatos de reserva de la competencia? ¿O es que en el mercado de fichajes de la política chihuahuense, el tricolor se está convirtiendo en la última parada para quienes no encontraron acomodo en los proyectos de la “Nueva Política” o de la “Cuarta Transformación”?
El pragmatismo como brújula
Dice el dirigente estatal que el diálogo es fundamental para “fortalecer la vida democrática”. Traducido del lenguaje institucional al realismo político, esto significa que el PRI necesita manos —las que sean— para operar un territorio que se le ha vuelto esquivo. La inclusión de activistas como Remedio Reyes y Linora Cruz busca darle ese rostro social que el partido perdió hace años entre expedientes judiciales y derrotas estrepitosas.
Sin embargo, hay un riesgo latente en esta estrategia de “puertas abiertas”. Al llenar la casa con invitados que vienen de otros hogares, se corre el peligro de desdibujar la identidad —ya de por sí difusa— del priismo actual. ¿Qué pensará el militante de a pie, aquel que se quedó en las duras y las maduras, al ver cómo los espacios de participación se entregan a quienes hace meses eran los adversarios en la boleta?
La apuesta de Álex
Alejandro Domínguez está jugando sus cartas: quiere demostrar que el PRI sigue siendo un polo de atracción, un “espacio de participación” vigente. Pero cuidado, que acumular siglas y nombres no es lo mismo que construir una base sólida. En política, sumar restas suele dar cero.
Hoy el PRI celebra que llegan nuevos pasajeros. Mañana habrá que ver si esos pasajeros están dispuestos a empujar el barco o si solo buscan un camarote para sobrevivir a la próxima marea electoral. Por ahora, el tricolor en Chihuahua parece más una agencia de colocaciones para ex candidatos que un instituto en verdadera metamorfosis.




