La política no conoce de tiempos muertos, y en Chihuahua el reloj electoral de 2027 ya comenzó a sonar con una estridencia que pocos esperaban. Alejandro “Alito” Moreno, el incansable —y siempre polémico— dirigente nacional del PRI, ha decidido mover sus piezas en el tablero estatal lanzando la figura de los “Defensores de México”. Con este barniz retórico, Moreno ha “destapado” oficialmente a los diputados federales Alex Domínguez y Tony Meléndez como los rostros que buscarán la gubernatura.
A primera vista, el movimiento parece una lógica consolidación de la base tricolor. Domínguez, con su colmillo político y control de la estructura partidista, y Meléndez, cuya popularidad en los escenarios se traduce con facilidad en votos en las urnas, forman una dupla que busca inyectarle vida a un priismo que se resiste a la extinción. Sin embargo, detrás del anuncio se lee una narrativa mucho más peligrosa para la oposición: el aroma de un rompimiento inminente con el PAN.
El “destape” ocurre en un momento de tensión máxima. Mientras en los pasillos de Acción Nacional en Chihuahua se percibe una creciente reticencia a compartir la boleta —y el poder— bajo la figura de una alianza, Alito responde con una ofensiva directa. Al nombrar aspirantes propios bajo el sello de “defensores”, el PRI le envía un mensaje claro a sus todavía aliados: “No estamos esperando su permiso”.
Si esta postura se mantiene y el PRI decide caminar solo en 2027, la tan llevada y traída unidad del “PRIAN” colapsará antes de ver la luz en la boleta. Para el PAN, que históricamente ha visto a Chihuahua como su bastión, ir solo podría parecer una muestra de fuerza, pero los números cuentan una historia distinta y mucho más fría.
El problema no es solo la división interna, sino el “tsunami” guinda que se asoma en el horizonte. Recientes encuestas de este marzo de 2026 colocan a Morena con una ventaja cómoda, superando por más de 15 puntos al PAN en la intención de voto. Si con la suma de fuerzas la competencia ya se antojaba cerrada, una oposición fragmentada le entrega las llaves de Palacio de Gobierno a la Cuarta Transformación en una bandeja de plata.
Dividir el voto opositor entre un candidato panista y un “defensor” priista (ya sea Domínguez o Meléndez) solo garantiza una cosa: la pulverización de la competitividad frente a Morena. Mientras “Alito” busca salvar lo poco que queda de su marca registrando aspirantes propios, lo que realmente parece estar haciendo es pavimentar el camino para el triunfo virtual de la izquierda en el estado grande.
En política, el orgullo suele ser el peor consejero. Si el PAN y el PRI no logran sanar sus grietas y deciden medir fuerzas por separado, el 2027 no será una contienda, sino un trámite. Por ahora, Domínguez y Meléndez ya tienen el título de “defensores”, pero la pregunta queda en el aire: ¿están defendiendo al partido o simplemente cavando la fosa de la oposición en Chihuahua?




