En un hito para la exploración espacial, la tripulación de la misión Artemis II ha completado un estudio directo de la Cuenca Oriental (Mare Orientale), una de las estructuras más enigmáticas y mejor conservadas de la Luna. Tras orbitar el satélite natural durante siete horas este pasado lunes, la nave Orión ha proporcionado datos cruciales sobre una formación que data de hace 3,800 millones de años.
La Cuenca Oriental, situada en el hemisferio sur con un diámetro de 950 kilómetros, representa una ventana al llamado Bombardeo Intenso Tardío (LHB). Este periodo teórico sugiere que un reajuste en las órbitas de los planetas gigantes (Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno) desestabilizó el cinturón de asteroides, lanzando proyectiles masivos hacia la Tierra y la Luna.
“El estudio de esta formación es de gran importancia para comprender cómo se formaron los cráteres en diversos planetas a partir de impactos generados por movimientos del Sistema Solar”, afirmó Kelsey Young, jefa de Ciencia y Exploración de la NASA.
El impacto que moldeó la Luna
Según los datos manejados por la NASA, la cuenca se originó por el impacto de un asteroide de aproximadamente 64 kilómetros de diámetro. Las cifras del evento son asombrosas:
- Material expulsado: 135 veces el volumen de los Grandes Lagos de EE. UU.
- Magnitud del impacto: El material ascendió como un “maremoto” hasta los 100 kilómetros de altura (11 veces el monte Everest).
- Estructura: El colapso del material generó fallas profundas que alcanzaron el manto lunar, formando los tres anillos concéntricos que caracterizan a la cuenca.
A diferencia de las misiones robóticas anteriores, los astronautas de la Orión utilizaron el método de observación directa. Esta capacidad humana permite distinguir matices de color y variaciones de textura que las cámaras suelen omitir.
Jacob Bleacher, científico jefe de exploración de la NASA, calificó de “extraordinario” el diálogo científico mantenido con la tripulación mientras describían el paisaje en tiempo real. Se estima que los astronautas han capturado miles de imágenes, enviando este martes más de 50 gigabytes de datos a la Tierra.
Además de Mare Orientale, la misión puso su foco en otros objetivos estratégicos:
- Cuenca Hertzsprung: Un cráter de 650 km en la cara oculta que revela la evolución lunar.
- Reiner Gamma: Un “remolino lunar” con anomalías magnéticas que podría servir como futuro sitio de aterrizaje.
- Cráteres Glushko y Ohm: Formaciones brillantes que aportan datos sobre la geología del satélite.
Este estudio no solo busca entender el pasado, sino pavimentar el futuro. La información recolectada servirá de base para establecer una presencia humana permanente en la Luna, paso previo indispensable antes de enviar misiones tripuladas a Marte.
Se espera que el módulo Orión regrese a casa este viernes, con un amerizaje programado en el océano Pacífico, frente a las costas de California.




