Mientras el rector de la Universidad Autónoma de Chihuahua, Luis Rivera Campos, parece estar más ocupado en el diseño de su próxima campaña de imagen o en el acomodo de su árbol genealógico en la nómina oficial, la realidad de las facultades le ha estallado en la cara. Este lunes, la Facultad de Odontología no amaneció con el sonido de las turbinas, sino con el de las consignas de estudiantes de posgrado que, cansados de la desidia, decidieron tomar las instalaciones.
Es inaudito que en pleno 2026, una unidad académica que presume excelencia clínica no tenga lo más básico para operar: agua. La respuesta oficial de la Rectoría, escudada tras el tandeo citadino, suena a excusa barata cuando la comunidad estudiantil denuncia que la falta de higiene en sanitarios y la infraestructura deficiente son problemas crónicos, no eventualidades. ¿Cómo se pretende formar especialistas de la salud en un entorno donde lavarse las manos es un lujo y la insalubridad es la norma?
Pero el problema en la UACh no es solo de tuberías secas; es de una ética institucional marchita.
Mientras a los estudiantes se les pide “paciencia” y “diálogo” ante la falta de insumos básicos, la generosidad del Rector parece fluir sin tandeos cuando se trata de su propia sangre. La denuncia sobre la asignación de una plaza de tiempo completo a su hermano ha corrido como pólvora en los pasillos universitarios, alimentando la narrativa de una administración que ve a la máxima casa de estudios como una agencia de empleos familiar y no como un templo del saber.
Es el contraste de la ironía universitaria:
- Para los laboratorios y clínicas de Odontología: vandalismo, falta de recursos y promesas de tinacos.
- Para los allegados al poder en Rectoría: estabilidad laboral, plazas blindadas y privilegios de primer nivel.
Rivera Campos parece olvidar que el eslogan “Rescatemos la UACh” no debería ser una bandera de la oposición, sino una autocrítica urgente para su gestión. El director de Odontología, Juan Antonio Galache, intenta apagar el fuego prometiendo soluciones “esta misma semana”, pero el daño está hecho. La toma de la facultad es el síntoma de una enfermedad más profunda que no se cura con pipas de agua, sino con transparencia.
Si el Rector sigue priorizando el bienestar de su círculo íntimo sobre las necesidades básicas de sus alumnos, no solo se le vaciarán los tinacos de la Facultad de Odontología; se le vaciará también la poca legitimidad que le queda frente a una comunidad universitaria que ya no está dispuesta a guardar silencio.
La UACh no necesita parches hidráulicos, necesita un saneamiento moral desde la cabeza.




