Se terminaron las palabras y comienza la acción. Esta noche arranca el primer episodio de una final de la Liga MX que tiene tintes de revancha personal. La rivalidad entre celestes y universitarios ha escalado a niveles máximos, alimentada por capítulos recientes que han dejado cicatrices en ambas instituciones.
El duelo llega precedido por una atmósfera hostil. En el plano deportivo, la afición cementera no olvida la aparatosa lesión de su guardameta, Kevin Mier, tras un choque con Adalberto Carrasquilla. En lo administrativo, la herida sangra tras la polémica decisión de la directiva de la UNAM de rescindir el contrato de arrendamiento del Estadio Olímpico Universitario a Cruz Azul apenas días antes de iniciar el certamen.
En el campamento auriazul, el estratega Efraín Juárez se mostró sereno ante la presión mediática. El timonel aseguró que la preparación para esta gran final no dista de lo hecho en las 21 jornadas previas.
“Nuestros entrenamientos fueron como cualquier otro, porque venimos jugando finales cada ocho días y esa es nuestra exigencia para salir campeones”, afirmó Juárez, quien además dejó abierta la incertidumbre sobre su once inicial: “Mañana veré qué equipo poner… todo puede pasar”.




