En los pasillos de la política nacional, el silencio suele ser más ruidoso que el estruendo, y lo que ocurre actualmente entre el Comité Ejecutivo Nacional del PAN y el Palacio de Gobierno en Chihuahua es un estrépito de ausencias.
Mientras la gobernadora Maru Campos sostiene un “tiro cantado” contra la maquinaria de la Federación y el avance de Morena, la respuesta que emana desde la oficina de Jorge Romero parece reducirse a una congeladora.
La disparidad en el campo de batalla es evidente: la mandataria estatal ha asumido el costo político de ser la cara más visible de la resistencia, pero en esa trinchera se siente un vacío de poder que debería estar ocupando su dirigencia nacional.
Resulta paradójico que Jorge Romero, quien llegó a la presidencia del partido con la promesa de “relanzar” un PAN más duro y combativo, parezca haber agotado sus cartuchos en la defensa de su propia figura. En el tablero de ajedrez político, el peso de la dirigencia nacional es el único contrapeso real para empatar los cartones frente a figuras como Ariadna Montiel, quien desde Morena opera con una precisión quirúrgica. Sin embargo, en lugar de cerrar filas y respaldar con todo el aparato del CEN a su activo más importante en el norte, Romero ha dejado que la carga recaiga enteramente sobre los hombros de Campos, limitándose a un apoyo que, en el mejor de los casos, es meramente testimonial.
Dentro del panismo chihuahuense, e incluso en los círculos rojos del centro del país, la pregunta es inevitable: ¿por qué el respaldo hacia Maru Campos es tan limitado? La gobernadora, con la disciplina institucional que la caracteriza, evita la queja pública y asegura que sí ha recibido apoyo, aunque desliza una verdad incómoda: al partido le ha faltado capitalizar oportunidades de oro en el pasado. Si el “nuevo” PAN de Romero no entiende que este es el momento preciso para entrar al quite, se corre el riesgo de que el proyecto nacional se diluya mientras sus líderes estatales pelean guerras en solitario. Al final del día, la política no se trata solo de promesas de renovación, sino de estar presente cuando el fuego arrecia, algo que Jorge Romero parece estar olvidando mientras Maru Campos sigue en la primera línea de fuego.




