Milagro en La Guaira: «Hoy celebramos la vida de Hernán. Celebramos la grandeza del ser humano cuando se une por un solo fin: salvar a otro», enfatizó la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
La mañana de este jueves 2 de julio se consolidó uno de los rescates más complejos y conmovedores tras los devastadores terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 registrados recientemente en Venezuela. Hernán Alberto Gil Flores, de 47 años de edad, quien llevaba un año y ocho meses desempeñándose como vigilante del centro comercial Galerías Playa Grande en el sector Urimare, estado La Guaira, fue extraído de las ruinas de esta edificación, luego de permanecer sepultado bajo los escombros durante más de 190 horas.
El calvario de Gil comenzó la tarde del miércoles 24 de junio, cuando los potentes movimientos telúricos sacudieron la costa venezolana. La fuerza del doblete sísmico desplazó por completo la garita de seguridad donde el vigilante cumplía su jornada de trabajo, dejándola aprisionada y enterrada bajo un peso estimado en 174 toneladas de escombros y estructuras metálicas retorcidas.
El primer indicio certero de sobrevivencia ocurrió de manera imprevista el 27 de junio, gracias a la presencia en el lugar de Allan Madrigal, miembro de la Benemérita Cruz Roja Costarricense, quien realiza su primera misión internacional en un terremoto. Justo un día antes, el 26 de junio, Madrigal cumplió 33 años de edad y recibió la noticia de que viajaría a Venezuela.
Aislado del mundo exterior en un espacio extremadamente reducido, la propia voz del vigilante detectada entre la destrucción se convirtió en el hallazgo que dio inicio a las labores de salvamento, impulsando y concentrando los esfuerzos de los especialistas en lo que sería una de las operaciones más difícil de la actual emergencia.
El especialista de Costa Rica no se encontraba buscando al vigilante al momento del hallazgo. El rescatista acudió al centro comercial debido a que un vecino de la zona lo trasladó hasta el lugar con la intención de intentar ubicar a otra persona. Fue durante esa búsqueda cuando terminó localizando a Hernán entre las estructuras colapsadas. Tras lanzar al vacío la pregunta clave: «¿Hay algún sobreviviente aquí que pueda realizar algún sonido?«, la respuesta que emergió de las ruinas fue un «sí» bajito, según explicó el propio Allan a medio nacional.




