La tentación del reflector cuando los tiempos electorales empiezan a calentar el ambiente, le llegó a Gilberto Loya Chávez, Secretario de Seguridad Pública del Estado, pues parece haber decidido que la mejor estrategia de campaña no es un mitin ni una caminata por la plaza pública, sino un convoy táctico en pleno triángulo dorado de la Sierra Tarahumara.
Sin embargo, el despliegue en el convulso municipio de Guadalupe y Calvo deja al descubierto una realidad incómoda: el intento de proyectar una imagen de liderazgo firme y “de terreno” ha sacado al funcionario de la comodidad del aire acondicionado y los despachos blindados en la capital, para confrontarlo —así sea por un par de horas— con la crudeza del territorio que intenta gobernar en los papeles.
El guion mediático estuvo fríamente calculado. Nos informaron con bombo y platillo que el titular de la SSPE “encabezó” las acciones de vigilancia, que lideró la reunión de planificación y que incluso fue al frente de un convoy por brechas específicas. Hasta ahí, la narrativa del superpolicía que se ensucia las botas.
Pero la sobreactuación es evidente cuando el boletín oficial presume que Loya acudió personalmente a inspeccionar campamentos y parapetos abandonados por el crimen organizado para “ajustar la estrategia”. Cabe preguntarse: ¿de verdad se necesita que el mando supremo de la seguridad estatal haga el trabajo de un equipo de periciales o táctico para entender cómo opera el crimen en la sierra? ¿O estamos ante un descarado rally fotográfico diseñado para construir un perfil político vendible?
La zona serrana, y Guadalupe y Calvo en particular, no necesitan visitas de doctor ni simulacros de proximidad social empaquetados para la prensa. Las familias de la región llevan años sufriendo la violencia sistemática, el desplazamiento forzado y el dominio territorial del crimen. Que el Secretario descubra in situ la necesidad de recabar información sobre hechos violentos solo confirma la desconexión que suele existir entre las estadísticas oficiales y la tierra firme.
Salir de la zona de confort duele, y en la política se nota. Ver a un funcionario desfilando por la sierra entre patrullas y chalecos antibalas puede ser un excelente insumo para spots publicitarios o redes sociales, pero para los habitantes que se quedan cuando el convoy de Gilberto Loya emprende el regreso a Chihuahua, la tranquilidad no se garantiza con fotos en parapetos vacíos.
Si Loya quiere andar en precampaña, convendría recordar que la ciudadanía evalúa resultados concretos, no paseos de alto riesgo con tufo a mercadotecnia electoral. La seguridad de Chihuahua es un asunto demasiado serio como para usarlo de escenografía.




